Después de caer por la escalera, recuperé la vista tras 7 años y vi por primera vez al niño que llamaba hijo: no se parecía a mí, sino a mi cuñada, mientras mi marido corría a protegerlo. Oí a Álvaro decir: «Mañana habrá terminado todo». No lloré: guardé 2 cabellos y pedí una prueba de ADN. Esa noche apareció un correo: «Sofía, seguimos buscándote». –

—Te mentimos.

El niño empezó a respirar deprisa.

Luego miró a Sofía.

Ya no había desprecio en sus ojos.

Solo miedo.

—¿Ahora me vas a echar?

Aquella pregunta atravesó a Sofía.

Durante 6 años había pensado que Nicolás no la quería porque ella no sabía ser una buena madre.

Pero él tenía 6 años.

No había falsificado registros.

No había movido dinero.

No había creado aquella mentira.

Había crecido escuchando a los adultos.

Sofía se agachó frente a él.

—Tú no tienes la culpa de lo que han hecho.

Nico miró al suelo.

—Yo te empujé.

—Eso estuvo muy mal.

—Papá decía que no dejara que me abrazaras.

Sofía levantó los ojos hacia Álvaro.

—¿Qué?

El niño empezó a llorar.

—Decía que estabas enferma y que podías confundirme.

—Nicolás, basta —ordenó Álvaro.

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