Después de caer por la escalera, recuperé la vista tras 7 años y vi por primera vez al niño que llamaba hijo: no se parecía a mí, sino a mi cuñada, mientras mi marido corría a protegerlo. Oí a Álvaro decir: «Mañana habrá terminado todo». No lloré: guardé 2 cabellos y pedí una prueba de ADN. Esa noche apareció un correo: «Sofía, seguimos buscándote». –

Semanas después, antes de dejar aquella casa, el niño se acercó a ella.

—Sofía.

Era la primera vez que utilizaba su nombre.

—¿Sí?

—Perdón por tirarte.

Ella se agachó.

—Nunca vuelvas a empujar a nadie por una escalera.

Nicolás asintió.

—¿Me odias?

Sofía sintió un nudo en la garganta.

—No.

El niño la miró.

—Pero tampoco voy a mentirte. No soy tu madre biológica. Durante 6 años creí que lo era y te quise como si lo fuera. Lo que pase ahora tendrán que decidirlo los adultos sin volver a utilizarte.

Nicolás permaneció quieto.

Después la abrazó.

Fue el primer abrazo que le daba voluntariamente.

Sofía cerró los ojos.

Había esperado aquel gesto durante años.

Y ahora que finalmente llegaba, sabía que el niño no era suyo.

2 meses más tarde regresó con Ernesto a la vivienda de Chamberí donde había pasado parte de su juventud.

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