Semanas después, antes de dejar aquella casa, el niño se acercó a ella.
—Sofía.
Era la primera vez que utilizaba su nombre.
—¿Sí?
—Perdón por tirarte.
Ella se agachó.
—Nunca vuelvas a empujar a nadie por una escalera.
Nicolás asintió.
—¿Me odias?
Sofía sintió un nudo en la garganta.
—No.
El niño la miró.
—Pero tampoco voy a mentirte. No soy tu madre biológica. Durante 6 años creí que lo era y te quise como si lo fuera. Lo que pase ahora tendrán que decidirlo los adultos sin volver a utilizarte.
Nicolás permaneció quieto.
Después la abrazó.
Fue el primer abrazo que le daba voluntariamente.
Sofía cerró los ojos.
Había esperado aquel gesto durante años.
Y ahora que finalmente llegaba, sabía que el niño no era suyo.
2 meses más tarde regresó con Ernesto a la vivienda de Chamberí donde había pasado parte de su juventud.