Nicolás no era su hijo.
Pero el siguiente descubrimiento fue peor.
Ernesto consiguió el expediente del accidente y llamó inmediatamente.
—Sofía… estabas embarazada cuando ocurrió.
Ella apretó el teléfono.
—Entonces, ¿dónde está mi hijo?
El silencio respondió antes que su padre.
El bebé no sobrevivió.
Nicolás había nacido meses después.
Y había algo más.
Durante los años de ceguera, millones de euros procedentes del patrimonio de Sofía habían terminado financiando empresas controladas por Álvaro.
A la mañana siguiente, él pensaba hacerla firmar la última cesión que necesitaba.
PARTE 3
Sofía pasó aquella noche sin dormir.
Los recuerdos regresaban en fragmentos, como fotografías rotas.
Lluvia golpeando el parabrisas.
Una discusión.
Álvaro gritando en el aparcamiento de un restaurante.
Ella diciendo que quería volver a casa de su padre.
Después, luces en la carretera.
Un impacto.
Su mano sobre el vientre.
Y nada más.
A las 8:30, Álvaro bajó a desayunar.
Llevaba un traje azul oscuro, zapatos italianos y un reloj que Sofía reconoció porque había visto su precio en internet durante la madrugada.
Más de 40.000 euros.
Durante años él le había contado que apenas obtenía ingresos supervisando obras y que casi todo el dinero desaparecía entre tratamientos, colegio y gastos domésticos.
Ahora Sofía sabía que dirigía 3 sociedades inmobiliarias.
Y que una parte considerable de aquellas empresas había nacido con dinero procedente de sus bienes.
—Hoy vendrá el notario —comentó Álvaro mientras untaba tomate sobre una tostada—. Tenemos que ordenar algunas cosas.
Sofía mantuvo la mirada perdida.
—¿Qué cosas?
—Patrimonio familiar.
—¿Por Nico?
Álvaro sonrió.
—Por todos nosotros.
Martina estaba sirviendo café.
Al escuchar aquella frase levantó los ojos hacia Álvaro.
Él sostuvo su mirada.
Apenas 2 segundos.
Pero Sofía lo vio.
Y supo que llevaba 7 años viviendo dentro de una obra de teatro.
Poco después, Álvaro salió al jardín para hacer una llamada.
Martina recogió la mesa.
Sofía fingió dirigirse hacia el baño.
En lugar de hacerlo, permaneció detrás de una puerta.
Escuchó pasos.
Álvaro había regresado.
—Está haciendo preguntas —murmuró Martina.
—Porque se golpeó la cabeza.
—¿Y si recuerda algo?
—No recordará nada.
—Ayer miraba raro.
Hubo un silencio.
Después Álvaro respondió:
—Mañana habrá terminado todo.
—¿Qué quieres decir?
—Cuando firme, no podrá reclamar las participaciones ni los inmuebles. Después veremos cómo organizamos el resto.