Después de caer por la escalera, recuperé la vista tras 7 años y vi por primera vez al niño que llamaba hijo: no se parecía a mí, sino a mi cuñada, mientras mi marido corría a protegerlo. Oí a Álvaro decir: «Mañana habrá terminado todo». No lloré: guardé 2 cabellos y pedí una prueba de ADN. Esa noche apareció un correo: «Sofía, seguimos buscándote». –

Álvaro miró inmediatamente a Martina.

Ese gesto confirmó más de lo que cualquier confesión habría conseguido.

—Sofía, escucha…

—He escuchado durante 7 años.

La puerta principal se abrió.

Ernesto Beltrán apareció acompañado por su abogada, Laura Mendoza, y un especialista en investigación patrimonial.

Sofía reconoció a su padre antes incluso de que él pronunciara su nombre.

Estaba más delgado.

Mucho más canoso.

Pero seguía teniendo aquella forma de apretar los labios cuando intentaba no llorar.

—Hija…

Sofía se levantó.

Durante unos segundos olvidó todo lo demás.

Quiso correr hacia él.

Quiso convertirse otra vez en la joven que recordaba.

Pero todavía faltaba una verdad.

Ernesto avanzó.

Álvaro se interpuso.

—Esta es mi casa. No podéis entrar así.

Laura abrió una carpeta.

—Parte de esta propiedad fue adquirida mediante fondos cuya titularidad estamos revisando y que procedían originalmente del patrimonio de la señora Beltrán. Yo mediría mucho esa afirmación.

Álvaro miró al notario.

—Esto es una maniobra de su familia.

Sofía soltó una risa amarga.

—¿Mi familia? Durante 7 años me dijiste que no tenía familia.

—Intentaba protegerte.

—Me dijiste que mi padre había fallecido.

—Estabas muy frágil.

—Me dijiste que apenas teníamos dinero.

—Había gastos enormes.

Laura colocó varios documentos sobre la mesa.

—Después del accidente de Sofía se autorizaron movimientos desde cuentas, sociedades y propiedades vinculadas a ella. Algunos fueron firmados cuando su capacidad para comprender documentos era, como mínimo, cuestionable. Otros presentan diferencias que deberán aclararse.

Álvaro tomó una hoja.

—No podéis demostrar nada.

—Eso lo decidirán quienes correspondan —respondió Laura.

Sofía sacó entonces otro documento.

—Pero hay algo que sí puedo demostrar.

Martina empezó a temblar.

Sofía la miró.

—Nicolás no es mi hijo.

El rostro de Martina se descompuso.

Álvaro reaccionó primero.

—Una prueba privada no demuestra…

—El análisis genético solo confirmó lo que mis ojos ya habían empezado a decirme.

Martina negó con la cabeza.

—No metas al niño en esto.

—Fuisteis vosotros quienes lo metisteis.

Sofía dejó sobre la mesa una copia del registro original localizado por los investigadores de Ernesto.

El nacimiento de Nicolás había sido inscrito inicialmente en una clínica de Pozuelo.

La madre era Martina Serrano.

El padre no constaba.

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