Mateo se quedó blanco.
—¿Qué… qué estás haciendo despierta?
Levanté mi teléfono.
La cámara ya estaba grabando.
—Ahora vas a explicarme todo.
Y detrás del vidrio del auto apareció el destello de otra cámara.
Mateo miró hacia afuera.
Mauricio estaba allí.
En ese instante mi cuñado comprendió que no había llevado a una víctima dormida a una trampa.
Se había llevado a sí mismo.
PARTE 3
—Sofía, déjame explicarte.
Mateo levantó las manos.
Todavía llevaba puestos los guantes.
—No te acerques.
Mi voz salió mucho más tranquila de lo que imaginé.
Por dentro estaba temblando.
Pero llevaba días preparando aquel momento.
Mauricio permanecía a unos metros, grabando desde un ángulo donde podían verse el auto, Mateo y yo.
—Tengo la botella —le dije—. Tengo las grabaciones anteriores. Tengo fotografías de las marcas. Tengo las transferencias que te hizo tu hermano. Y tengo a un investigador grabándote después de traerme inconsciente, según tú, al estacionamiento de un hotel.