El rostro de Mateo cambió completamente.
Ya no parecía el joven arrogante que durante meses me llamaba “cuñada” con una sonrisa.
Parecía un niño atrapado después de hacer algo demasiado grande.
—Santiago me obligó.
Solté una risa sin humor.
—¿Te obligó a cobrarle 180,000 pesos?
Mateo bajó la mirada.
—Yo no sabía que iba a llegar tan lejos.
—Ya llegó demasiado lejos.
Saqué mi celular.
—Habla.
—¿Qué quieres que diga?
—Todo.
Mateo miró alrededor.
—Si hablo, mi hermano me mata.
—Si no hablas, en unos minutos vas a tener que hablar con la policía.
Eso terminó de romperlo.
Se dejó caer en el asiento del conductor.
—Fernanda está embarazada.
—Eso ya lo sé.
Me miró sorprendido.
—¿También sabes eso?
—Sé más de lo que imaginas.
Entonces comenzó a confesar.
Fernanda había conocido a Santiago durante un viaje de negocios a Guadalajara.