—¿Fernanda sabía?
—No todo.
—¿Qué le contó?
—Que tú eras inestable. Que bebías mucho. Que habían intentado separarse, pero tú lo amenazabas con destruir la empresa.
Sentí una extraña calma.
Hasta su amante había recibido una versión fabricada de mí.
Todo el mundo necesitaba creer que Santiago era la víctima.
Guardé el teléfono.
—Quiero que repitas lo que acabas de decir frente a Mauricio.
Mateo empezó a llorar.
—Sofía, yo te pido perdón.
—No quiero tu perdón.
—Mi hermano siempre me ha mantenido. Me paga el departamento, el coche…
—Eso explica por qué obedeciste. No lo justifica.
Mauricio se acercó.
Mateo volvió a contar la historia, esta vez mirando directamente a la cámara.
Cuando terminamos, salí del estacionamiento acompañada por Mauricio.
Él me aconsejó no regresar sola.
Yo tenía otro plan.
Necesitaba mirar a Santiago a los ojos una vez más.