—Sabía que entenderías.
Yo apreté sus dedos suavemente.
—Claro, amor.
El viernes preparé todo.
La grabadora.
Mi celular.
Una pequeña bolsa hermética.
Un rastreador que Mauricio podría seguir desde su vehículo.
Y una botella vacía para conservar una muestra de cualquier bebida que Mateo me ofreciera.
A las 9:42 de la noche, el auto apareció frente a mi oficina.
Mateo bajó la ventanilla.
—Sube, cuñada.
Me senté.
Cinco minutos después me entregó una botella abierta.
—Toma. Debes estar cansadísima.
Sonreí.
Bebí aparentemente un trago, pero conservé el líquido en la boca y lo escupí discretamente dentro de la bolsa cuando él miró hacia el tráfico.
Quince minutos después dejé caer la cabeza sobre el asiento.
—Sofía…
No respondí.
Mateo me llamó otra vez.
Nada.
Entonces escuché una llamada.
—Ya cayó —dijo.
La voz de Santiago respondió por el altavoz:
—Llévala al lugar de siempre. Esta noche necesitamos las fotos definitivas.
Sentí que me ardían los ojos, pero no me moví.
Casi cuarenta minutos después entramos al estacionamiento subterráneo de un hotel.
Mateo apagó el motor.
Escuché cómo se ponía unos guantes.
El asiento comenzó a reclinarse.
Y cuando sus dedos tocaron el primer botón de mi blusa, abrí los ojos.
Mateo se quedó blanco.
—¿Qué… qué estás haciendo despierta?
Levanté mi teléfono.
La cámara ya estaba grabando.
—Ahora vas a explicarme todo.
Y detrás del vidrio del auto apareció el destello de otra cámara.
Mateo miró hacia afuera.
Mauricio estaba allí.
En ese instante mi cuñado comprendió que no había llevado a una víctima dormida a una trampa.
Se había llevado a sí mismo.
PARTE 3
—Sofía, déjame explicarte.
Mateo levantó las manos.
Todavía llevaba puestos los guantes.
—No te acerques.
Mi voz salió mucho más tranquila de lo que imaginé.
Por dentro estaba temblando.
Pero llevaba días preparando aquel momento.
Mauricio permanecía a unos metros, grabando desde un ángulo donde podían verse el auto, Mateo y yo.
—Tengo la botella —le dije—. Tengo las grabaciones anteriores. Tengo fotografías de las marcas. Tengo las transferencias que te hizo tu hermano. Y tengo a un investigador grabándote después de traerme inconsciente, según tú, al estacionamiento de un hotel.
El rostro de Mateo cambió completamente.