Y yo necesitaba saber hasta dónde llegaba aquella pesadilla.
Lo que descubrí a la mañana siguiente fue tan monstruoso que la grabación terminó pareciéndome apenas el comienzo.
PARTE 2
Esperé hasta que Santiago salió rumbo a la oficina.
Luego entré a su despacho.
Durante dos años respeté aquel cuarto como si fuera territorio sagrado porque él siempre decía:
—Aquí tengo documentos delicados de la empresa.
Su familia era dueña de una compañía de importación y logística, y después de casarnos Santiago me había incorporado como accionista minoritaria mediante un acuerdo familiar.
También habíamos firmado capitulaciones y varios convenios privados.
Hasta aquella mañana jamás imaginé que esos papeles pudieran tener relación con lo que me estaba ocurriendo.
En un libro grueso encontré un recibo de farmacia.
Medicamento: zolpidem.
La receta estaba a nombre de Mateo.