También contacté a Mauricio Salas, un investigador privado recomendado por una compañera de confianza.
Dos días después me envió las primeras fotografías.
Santiago entrando a un departamento en Valle Oriente.
Fernanda abriéndole la puerta.
Él besándola.
Su embarazo era evidente.
Esa misma noche, durante la cena, Santiago me sonrió con absoluta tranquilidad.
—Mañana voy a volver a salir tarde.
—¿Otra reunión?
—Sí. Mateo puede pasar por ti.
Bajé la mirada para ocultar lo que sentía.
—Perfecto.
Él incluso me tomó la mano.
—Sabía que entenderías.
Yo apreté sus dedos suavemente.
—Claro, amor.
El viernes preparé todo.
La grabadora.
Mi celular.
Una pequeña bolsa hermética.
Un rastreador que Mauricio podría seguir desde su vehículo.
Y una botella vacía para conservar una muestra de cualquier bebida que Mateo me ofreciera.
A las 9:42 de la noche, el auto apareció frente a mi oficina.