Después de cuatro viajes con mi cuñado, cuatro lagunas de memoria y marcas que aparecían en mi cuerpo sin explicación, le pregunté a mi esposo qué estaba pasando. Él sonrió: “Deja de imaginar cosas”. No volví a preguntarle. Esa misma noche guardé una grabadora secreta en mi bolso, y cuando escuché las palabras “no le dejes marcas”, supe que ambos habían cometido un error enorme.

Otro añadía:

“Las imágenes deben parecer espontáneas.”

Sentí que me faltaba aire.

Santiago no confiaba simplemente en presentarse ante un juez diciendo que yo lo había engañado.

Su plan era más sucio.

Quería fabricar fotografías y videos de mí con Mateo en un hotel mientras yo estuviera inconsciente.

Después me mostrarían las imágenes, amenazarían con exponerlas ante mi familia, socios y compañeros, y tratarían de convencerme de que nadie creería mi versión.

Querían avergonzarme hasta obligarme a firmar.

Y mientras yo desaparecía del camino, Santiago podría quedarse con Fernanda, proteger su posición dentro de la empresa y evitar una batalla por dinero y acciones.

Fotografié cada documento.

Guardé copias en una cuenta que Santiago desconocía.

Después fui a una clínica y pedí análisis explicando mis episodios de pérdida de memoria. El médico anotó todo en mi expediente y solicitó pruebas.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *