Después de encontrar a una madre y a su hijo solos en la carretera, el millonario les ofreció techo pese a que su propia familia esperaba heredar millones. “Mañana desapareceremos de su vida”, prometió la mujer. Pero al amanecer él abrió la habitación y vio una escena que lo dejó helado; minutos después sacó del cajón un testamento de años atrás, porque acababa de comprender quién llevaba tiempo engañándolo…

—Si la cuidamos, sí.

—¿Y tú vas a estar cuando tenga manzanas?

Laura levantó la vista.

Alejandro tardó un segundo.

—Voy a hacer todo lo posible.

Dos semanas después, Rodrigo regresó.

No llevaba papeles ni traje. Tenía barba de varios días y parecía diez años mayor.

Alejandro estaba en el jardín. Laura trabajaba en la terraza y Mateo jugaba cerca del manzano.

—Necesito hablar contigo —dijo Rodrigo.

—Habla aquí.

Rodrigo miró a Laura.

—A solas.

—Ella se queda.

Esta vez no discutió.

—Los de Horizonte van a intentar pelear el terreno. Encontraron al antiguo propietario y quieren inventar irregularidades en la venta.

—La operación fue ante notario, pagué el valor de mercado y está inscrita.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué vienes?

Rodrigo tragó saliva.

—Porque quieren que yo los ayude a crear un pleito. Presión, retrasos, gastos… hasta que aceptes vender.

—¿Y tú aceptaste?

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