—La verdad ya salió —añadió—. Ahora cada quien va a cargar con lo que hizo.
Rodrigo se marchó sin responder.
Durante los días siguientes, Alejandro habló poco. No era el terreno lo que más le dolía, sino descubrir que su sobrino había mirado el calendario médico como quien espera la fecha de vencimiento de una deuda. Laura no intentó consolarlo con frases fáciles.
Una noche lo encontró en la terraza.
—Mi hermana habría estado avergonzada de él —dijo Alejandro.
—Tal vez. Pero también habría querido que tuviera la oportunidad de corregirlo.
—Eso es exactamente lo que más me enoja de ti.
Laura arqueó una ceja.
—¿Qué cosa?
—Que cuando quiero odiar a alguien, llegas con una frase razonable.
Por primera vez en varios días, ambos rieron.
Esteban encontró inconsistencias importantes en dos contratos y abrió una negociación formal. También dejó constancia ante las autoridades de las presiones relacionadas con el terreno.