Horizonte Desarrollos dejó de llamar.
Rodrigo vendió su participación en la empresa, redujo la deuda y aceptó una reestructuración por el resto. Perdió casi todo lo que había construido en cinco años y tuvo que volver a trabajar como empleado.
No fue una venganza espectacular.
Fue peor para él: tuvo que vivir con las consecuencias de haber esperado la muerte de su tío como solución financiera.
En agosto, Alejandro le pidió a Laura sentarse con él después de que Mateo se durmiera.
—Ya terminé de ordenar todo.
—¿El testamento?
—También.
Le explicó que el terreno y una parte importante de sus bienes irían a una fundación para niños enfermos y proyectos educativos. Rodrigo conservaría una participación limitada en una bodega.
—Y hay algo más.
—¿Qué cosa?
—Abrí un fideicomiso educativo para Mateo.
Laura se quedó inmóvil.