Después de encontrar a una madre y a su hijo solos en la carretera, el millonario les ofreció techo pese a que su propia familia esperaba heredar millones. “Mañana desapareceremos de su vida”, prometió la mujer. Pero al amanecer él abrió la habitación y vio una escena que lo dejó helado; minutos después sacó del cajón un testamento de años atrás, porque acababa de comprender quién llevaba tiempo engañándolo…

En ese momento Mateo apareció con un dibujo: tres personas junto a un árbol.

—Este eres tú, ésta es mi mamá y éste soy yo. Estamos plantando un manzano.

Tres días después, Laura aceptó.

A finales de abril volvieron a Tequisquiapan.

Y Rodrigo apareció otra vez.

Al verla abrir la puerta, perdió el color del rostro.

—¿Tú otra vez?

—Vivo aquí por decisión de Alejandro.

Rodrigo apretó la mandíbula.

—No tienes idea de en qué te estás metiendo.

Alejandro apareció detrás de ella.

—No, Rodrigo. La pregunta es en qué te metiste tú.

Sobre la mesa del estudio había un expediente con contratos, nombres de empresas y una deuda millonaria.

Por primera vez, Rodrigo dejó de parecer un heredero impaciente.

Parecía un hombre acorralado.

PARTE 3

Alejandro cerró la puerta del estudio y dejó el expediente sobre el escritorio.

—Siéntate.

Rodrigo permaneció de pie.

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