—No tienes derecho a revisar mis cosas.
—Tú intentaste conseguir un poder para vender las mías.
Laura se quedó cerca de la puerta. Alejandro le había pedido que permaneciera allí como testigo.
El expediente contenía registros públicos y documentos reunidos por su abogado. La cifra explicaba demasiado: Rodrigo debía más de ocho millones de pesos entre créditos, préstamos privados y garantías personales.
Parte de esa deuda estaba relacionada con inversionistas conectados con Horizonte Desarrollos.
—¿Les prometiste mi terreno? —preguntó Alejandro.
—No podía prometer algo que no era mío.
—Entonces, ¿qué les prometiste?
Rodrigo respiró hondo.
—Les dije que probablemente heredaría una parte.
Alejandro se quedó inmóvil.
—¿Porque pensabas que iba a morir pronto?
Rodrigo bajó la mirada.
—Sí.
Laura sintió indignación, pero Alejandro no gritó.
—Y con esa idea pediste dinero.
—Mi empresa iba mal. Creí que podría recuperarme.