Diez años después de que Alba arruinara mi vestido con huevos, llegué a su boda y descubrí que pensaba convertir aquel recuerdo en el entretenimiento de la noche. «No montes un drama, Lucía», volvió a decir mi suegra. No respondí: abrí la caja azul y pedí que encendieran la pantalla. Dentro quedaban 3 documentos que Sergio aún no había visto.

—Mamá, creo que papá quiere coger dinero sin preguntarte.

Lucía fue al banco y descubrió que Sergio ya había transferido 7.500 euros a una cuenta de Carmen como «anticipo familiar». El dinero procedía del fondo que ambos guardaban para los estudios de Hugo y para emergencias.

Tampoco era la primera vez. Durante años habían salido de allí cantidades para reparaciones de Carmen, cursos de Alba, viajes y celebraciones. Lucía había aceptado muchas ayudas cuando se hablaban en pareja. Lo insoportable era descubrir que otras se habían decidido a sus espaldas.

El archivo terminó.

Sergio se puso en pie.

—Eso es una conversación privada.

—También lo era mi humillación y la convertisteis en entretenimiento durante 10 años.

—No mezcles cosas.

—Llevo una década intentando no mezclarlas. Vosotros os habéis encargado de unirlas.

Carmen se acercó al escenario.

—Estás destruyendo el día de Alba por resentimiento.

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