—No. Lo está destruyendo una costumbre vuestra: hacer algo, reírse y exigir que otra persona pague el precio.
Alba seguía junto a la mesa principal. La pequeña mancha de huevo sobre su vestido bastaba para hacer visible la contradicción.
Marcos, el novio, se acercó a ella.
—¿Sabías que faltaban 18.600 euros?
Alba tardó demasiado en contestar.
—Mi tía dijo que Lucía podía cubrirlos.
—¿Me dijiste que todo estaba pagado?
—Porque iba a estarlo.
—¿Con dinero de otra persona?
Alba miró a Carmen.
Fue suficiente.
Marcos pidió hablar con el coordinador del evento y con sus padres. Alba se volvió hacia Lucía.
—¿Estás contenta? ¿Esto era lo que querías?
—Quería que alguien me defendiera hace 10 años. Como nadie lo hizo, aprendí a defenderme yo.
Sergio subió al escenario.
—Dame la caja.
Lucía la cerró.
—No.
—¿Qué más hay dentro?