Diez años después de que Alba arruinara mi vestido con huevos, llegué a su boda y descubrí que pensaba convertir aquel recuerdo en el entretenimiento de la noche. «No montes un drama, Lucía», volvió a decir mi suegra. No respondí: abrí la caja azul y pedí que encendieran la pantalla. Dentro quedaban 3 documentos que Sergio aún no había visto.

—Lo que queda de nuestro matrimonio.

Sacó las 3 hojas.

La primera era un extracto con transferencias realizadas sin consultarla. La segunda era la copia de la solicitud preparada por su abogada para iniciar la separación. La tercera era un inventario de cuentas y bienes comunes para impedir nuevos movimientos mientras aclaraban la situación.

Sergio leyó el encabezado.

—¿Has ido a una abogada?

—Después de escuchar que pensabas sacar otros 18.600 euros de los ahorros de nuestro hijo.

Carmen negó con la cabeza.

—Todo esto por una boda.

—No, Carmen. Por 10 años. Por 10 años viendo aquel vídeo circular en comidas familiares. Por 10 años oyendo «no hagas un drama» cada vez que pedía un límite. Y por descubrir que el silencio de Sergio no era neutralidad.

Sergio apretó la mandíbula.

—Yo no planeé lo de los huevos.

—Pero sabías que iba a ocurrir.

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