—Tenía 27 años. Mi madre dijo que sería una broma.
—Y yo era tu mujer.
Hugo levantó la mirada.
—Papá, ¿tú sabías que iban a hacerlo?
Sergio respiró hondo.
—Los adultos también se equivocan.
—Entonces pide perdón. A mí me haces pedir perdón cuando hago algo mal.
Sergio miró alrededor.
—Lo siento, Lucía.
Ella sostuvo su mirada.
—¿Por qué? ¿Por haber callado, por haberlo sabido, por el dinero o porque hoy todos lo han escuchado?
Sergio no encontró respuesta.
Lucía ya no necesitó ninguna.
Alba corrió hacia ella.
—Dile a Marcos que esto no tiene nada que ver con nosotros.
—Tiene que ver con lo que has decidido hacer de adulta.
—Yo tenía 12 años.
—Sí. A los 12 merecías que los adultos te enseñaran que aquello estaba mal. Ese fue su fracaso. Pero hoy tienes 22 y sigues usando mi peor recuerdo para divertir a una sala entera. Eso ya es tu decisión.