Diez años después de que Alba arruinara mi vestido con huevos, llegué a su boda y descubrí que pensaba convertir aquel recuerdo en el entretenimiento de la noche. «No montes un drama, Lucía», volvió a decir mi suegra. No respondí: abrí la caja azul y pedí que encendieran la pantalla. Dentro quedaban 3 documentos que Sergio aún no había visto.

Alba miró a Claudia, la niña de 10 años que había manchado su vestido y ahora permanecía junto a sus padres, avergonzada.

Se acercó a ella.

—No debí gritarte así. Pero tampoco estuvo bien lo que hiciste.

La madre de Claudia contestó:

—Eso es exactamente lo que alguien debería haberte dicho a ti hace 10 años.

Carmen se sentó sin decir nada.

La ceremonia civil no continuó. Marcos pidió una pausa y habló casi 1 hora con Alba y sus padres en una sala privada. Después comunicó al coordinador que el enlace quedaba suspendido. La comida ya contratada se serviría para no aumentar las pérdidas.

Carmen culpó a Lucía.

—Podías haber hablado en privado.

—Lo intenté durante años.

—Podías haber perdonado.

—Perdonar no significa entregar dinero ni fingir que algo no dolió.

Sergio quiso llevarse a Hugo.

—Viene conmigo.

—Hugo no es una maleta. No vamos a discutir su vida aquí.

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