Diez años después de que Alba arruinara mi vestido con huevos, llegué a su boda y descubrí que pensaba convertir aquel recuerdo en el entretenimiento de la noche. «No montes un drama, Lucía», volvió a decir mi suegra. No respondí: abrí la caja azul y pedí que encendieran la pantalla. Dentro quedaban 3 documentos que Sergio aún no había visto.

Tomás estaba cerrando su estudio y había encontrado un disco antiguo.

—Hay una grabación que creo que deberías ver antes de decidir qué haces con ella.

Lucía la vio sola en su despacho.

En la pantalla aparecía Alba, con 12 años, sosteniendo una caja de huevos. Frente a ella estaba Carmen.

—Cuando Lucía entre, apunta al vestido —decía su suegra—. Pero no a la cara.

Entonces una voz masculina sonó detrás de la cámara.

Era Sergio.

—Mamá, como se enfade, luego me toca aguantarla a mí.

Carmen respondió:

—Se le pasará. Tú no la defiendas y ya está.

Sergio soltó una risa.

Lucía cerró el portátil.

Esa noche sacó del fondo de un armario una pequeña caja azul, colocó dentro una memoria, una llave y 3 documentos doblados.

El sábado 17 llegó a la boda de Alba con Hugo de la mano y aquella caja en el bolso.

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