Diez años después de que Alba arruinara mi vestido con huevos, llegué a su boda y descubrí que pensaba convertir aquel recuerdo en el entretenimiento de la noche. «No montes un drama, Lucía», volvió a decir mi suegra. No respondí: abrí la caja azul y pedí que encendieran la pantalla. Dentro quedaban 3 documentos que Sergio aún no había visto.

Nadie imaginaba que no contenía un regalo.

Contenía el final de 10 años de silencio.

PARTE 2

La nueva boda parecía diseñada para ser fotografiada desde cualquier ángulo: lámparas de cristal, mesas cubiertas de flores blancas, una fuente en el jardín y más de 250 invitados. Alba recibió a Lucía con un vestido de novia cubierto de pedrería y una sonrisa demasiado satisfecha.

—Prima, espero que hoy tengas más sentido del humor.

Hugo levantó la vista.

—¿Por qué?

Alba se agachó hacia él.

—Porque tu madre y yo tenemos una historia muy divertida.

Antes de que Lucía pudiera responder, Alba le enseñó en el móvil el vídeo de los huevos.

—Mira cómo lloraba. Y solo por una broma.

Hugo no sonrió.

—Si lloraba, no era divertida para ella.

La expresión de Alba cambió apenas un segundo.

Carmen apareció enseguida, besó a su nieto y llevó a Lucía aparte.

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