Durante el banquete de mi boda, mi suegra volcó delante de mí un barreño de ropa sucia mientras mi marido observaba cómo intentaban humillarme. «Aquí, la esposa sirve a los hombres». No lloré: cogí mi maleta y llamé a mi abogada. Pero al abrir el portátil encontré una carpeta llamada «DESPUÉS DE LA BODA» que cambió todo.

Lucía llamó a su abogada, Irene Salas, y le envió todo. Irene le pidió que no borrara nada y que fuera a un hotel. Antes de colgar, Lucía vio el nombre de la entidad a la que la familia había enviado la solicitud de crédito usando sus datos como futura garante.

Aurora Patrimonial.

Su propia empresa.

A las 2:17, Álvaro llamó 11 veces. En la llamada 12, Lucía respondió.

—Vuelve. Mi madre está nerviosa —dijo él—. Arreglamos esto en casa.

—No hay casa.

—No sabes lo que estás haciendo.

Lucía miró el documento abierto.

—Al contrario. Acabo de descubrir exactamente lo que estabais haciendo vosotros.

Y entonces entendió la ironía completa: habían intentado comprometer a la presidenta de Aurora Patrimonial sin saber que la mujer a la que querían convertir en sirvienta era precisamente ella.

PARTE 3

Lucía no regresó a la suite ni al domicilio de los Roldán. Pasó aquella noche en un hotel cerca de la Castellana, en una habitación que Irene reservó a nombre del despacho para que nadie pudiera localizarla con facilidad. Al amanecer, seguía con el pelo recogido de la boda y una marca rojiza en la mejilla, pero ya había tomado 3 decisiones.

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