“Yo no sabía que habían puesto tu firma. Mamá dijo que tú estabas de acuerdo.”
Lucía lo leyó 2 veces.
Era la primera grieta.
Irene pidió autorización para incluir el mensaje en el expediente y Lucía aceptó.
Al mediodía llegó la llamada que cambió el tono de toda la familia.
No fue de Álvaro.
Fue de la directora de riesgos de Aurora.
—Lucía, necesitamos hablar. El expediente Roldán contiene una declaración de patrimonio a tu nombre que no coincide con nada real. Alguien puso que tienes 18.000 euros ahorrados y un salario anual de 26.400. Pero además adjuntaron una carta afirmando que, tras el matrimonio, asumirías solidariamente la deuda.
Lucía cerró los ojos.
Había construido durante años un sistema para separar su vida privada de sus empresas. Había usado una sociedad de servicios para cobrar un sueldo modesto y mantener una apariencia sencilla. Álvaro había tomado esa fachada y la había convertido en una herramienta.