—¿Y en vez de decírmelo, decidiste ponerle yodo y huevo?
Papá bajó la mirada.
—Eso estuvo mal. Mi madre usaba algo parecido cuando éramos niños. Pensé que quizá aliviaría el enrojecimiento. Nunca debí intentarlo.
El médico habló con firmeza.
—No vuelva a hacer eso.
Luego miró otra vez el cuaderno.
—Pero siga guardando estos registros.
A Ben le hicieron pruebas adicionales.
Dos días después regresamos para conocer los resultados.
Apenas podía respirar.
El médico se sentó frente a nosotros.
—La buena noticia es que lo detectamos muy pronto.
Resultó que Ben estaba desarrollando una inflamación alrededor de una de sus articulaciones.
Como lo habían detectado tan temprano, los médicos creían que podía controlarse y tratarse antes de que se volviera mucho más serio.
Miré a mi padre.
No levantaba la mirada.
El médico continuó:
—El remedio casero no fue apropiado. Pero su abuelo detectó un patrón en el comportamiento y la forma de caminar del niño que muchas personas habrían atribuido simplemente al cansancio.