El anciano que ya no sabía demostrar quién era ante una pantalla

—No para dar pena —aclaró—. Para que sepan que su abuela no era solo una foto en la pared.

Fui.

Su hija se llamaba Clara.

Llegó cansada, con esa cara de quien carga culpa y prisa al mismo tiempo. Traía dos niños adolescentes que al principio miraban más el móvil que la casa.

No los juzgué.

Yo había sido igual.

Don Manuel sacó la caja metálica y puso las fotos sobre la mesa.

Al principio los chicos miraban por educación.

Pero luego apareció una foto de Rosario montada en bicicleta, con un vestido claro y una risa enorme.

—¿Esa es la abuela? —preguntó la nieta.

—Esa es la abuela —dijo don Manuel—. Y tenía más carácter que todos nosotros juntos.

Clara se tapó la boca.

—Papá, no había visto esa foto.

—Tu madre guardaba muchas cosas —respondió él—. Yo apenas estoy aprendiendo a encontrarlas.

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