“Hoy me ha tratado como si yo todavía estuviera aquí.”
Esa noche casi no miré el móvil. Lo desbloqueaba por costumbre, veía la pantalla llena de cosas pequeñas y lo volvía a dejar boca abajo.
Me parecía absurdo.
Durante años había pensado que la gente mayor exageraba con la tecnología. Que se ponían nerviosos porque no querían aprender. Que si algo era fácil para mí, tenía que ser fácil para todos.
Pero la cara de don Manuel sujetando aquel extracto me había desmontado por dentro.
A las diez y media de la mañana crucé otra vez la puerta del banco.
La sucursal estaba casi igual. La misma luz fría. Las mismas sillas grises. La misma pantalla con números de turno. El mismo silencio raro de los lugares donde la gente espera preocupada.