Mariana lo miró durante unos segundos.
—¿Sin intereses?
—Mariana.
—Estoy preguntando.
—Sin intereses.
Ella asintió.
—Entonces entra. Mamá guardó sopa.
Fue la primera vez desde la revelación que Daniel volvió a sentarse a la mesa con ellas.
El invierno avanzó.
No hubo un momento único en que Mariana decidiera perdonarlo.
La confianza regresó de la misma manera en que se reparaba un granero viejo: una pieza a la vez, revisando cada unión antes de cargar peso sobre ella.
Daniel dejó de esconder lo que tenía.
Mariana dejó de fingir que no le importaba lo que sentía.
Una noche de enero, mientras Adela dormía, ambos revisaban cuentas junto a la cocina.
Mariana señaló una columna.
—Si la primavera es buena, puedo reducir esto.
Daniel estudió los números.
—Sí.
—No digas sí solo para darme gusto.
—No lo hago.
Tomó la regla plegable y la abrió sobre la mesa, aunque no había nada que medir.