El médico me ordenó apartarme del respirador de un soldado que se estaba muriendo; para él, yo era solo una enfermera. Pero cuando reconocí aquel silbido, supe que mi pasado había llegado hasta esa cama y ya no podía callarlo.

Conocía ese sonido.

Miré la pantalla. Luego el movimiento del pecho de Mateo. Revisé las conexiones visibles sin interrumpir su atención y llamé al médico.

—Doctor, necesito que revisen el sistema de exhalación. Hay un ruido que no corresponde.

Salcedo apenas levantó la mirada.

—Los parámetros están bien.

—Ahora sí. Pero ese silbido puede anticipar una falla.

Se acercó, observó la pantalla y suspiró.

—Clara, si existiera un problema, el equipo lo señalaría.

—Le estoy diciendo que…

Entonces pronunció aquella frase sobre ocuparme del paciente.

Había dos residentes y una compañera junto a nosotros. Sentí sus miradas. Durante un segundo pensé en explicar quién había sido antes de llegar allí.

Pero Salcedo ya se alejaba.

Llamé directamente a Iván.

—Ven a revisar la cama seis. Y trae un equipo de sustitución.

No alcancé a terminar de hablar cuando sonó la primera alarma.

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