Ortega negó.
—No tenemos pruebas de eso. Según Richard, Mills únicamente recibió instrucciones para cambiar tu horario de entrenamiento de aquel día y recomendarte que cubrieras el turno de otro chico en la gasolinera.
Ethan abrió mucho los ojos.
—Noah.
—¿Quién es Noah? —pregunté.
—Mi compañero.
Ethan se incorporó cuanto pudo.
—Papá, yo no debía trabajar aquella noche. Noah me escribió diciendo que su madre estaba enferma y necesitaba que lo sustituyera.
Sentí un escalofrío.
—¿Tienes el mensaje?
—Sí.
Encontramos el teléfono.
Ethan abrió la conversación.
Ahí estaba.
NOAH: “Mi madre está fatal. ¿Puedes cubrirme esta noche? Te debo una.”
Ortega fotografió la pantalla para documentarla adecuadamente.
—Necesitamos hablar con Noah.
Lo hicieron esa misma tarde.
Y la respuesta cambió nuevamente el rumbo de la investigación.
La madre de Noah nunca había estado enferma.
El chico terminó admitiendo, acompañado por sus padres y un abogado, que Mills le había pedido que consiguiera que Ethan trabajara aquella noche.