El vecino gruñón que nos enseñó a sentarnos con el miedo

Lo pegamos en la nevera.

Don Julián lo miró mucho rato.

“Ese pan está mal proporcionado”, dijo.

Pero al día siguiente apareció con un marco barato.

“No se puede tener arte en la nevera con imanes de propaganda”, comentó.

Así era él.

Tierno con cara de estar enfadado.

Una tarde de primavera me pidió que bajara con él al patio interior.

Yo estaba cansado, pero bajé.

El patio era pequeño, con baldosas viejas y macetas que nadie cuidaba demasiado.

En una esquina había una silla de plástico.

Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia. Don Julián la limpió con un pañuelo y me señaló que me sentara.

Luego sacó de detrás de unas cajas una maceta con geranios rojos.

“Eran de mi mujer”, dijo.

Me quedé callado.

Él nunca hablaba de ella.

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