Beatriz apretó la mandíbula.
Javier, en cambio, no protestó.
Miró durante varios segundos las manos de su madre.
Aquellas manos le habían abrochado el abrigo cuando tenía 6 años.
Habían trabajado junto a Manuel durante décadas.
Habían cuidado a sus hijos.
Y ahora habían creado una protección económica para esos mismos nietos mientras él preparaba un folleto para apartarla de su habitación.
—Mamá… —dijo con voz baja.
Teresa miró el reloj.
9:06.
—Mi coche llega en 10 minutos.
Javier se incorporó.
—¿Qué coche?
—El que he pedido.
—¿Adónde vas?
—A casa.
Beatriz se quedó inmóvil.
—Esta es tu casa.
Teresa observó el folleto.
Después observó el aviso de M&T Patrimonial.
—No. Aquí vivía.
Subió al dormitorio.
Javier la siguió.
Junto a la puerta estaba la maleta.
—¿Llevabas planeando marcharte?
—Desde hace tiempo.
—¿A la residencia?
Teresa se volvió.