Javier cogió la maleta.
—Déjame llevarla.
Teresa no discutió.
Bajaron.
Beatriz seguía en la cocina.
Sus ojos estaban rojos.
—Esto va a romper la familia.
Teresa negó.
—No. Lo que rompe una familia es obligar a todos a fingir para mantenerla aparentemente unida.
—Los niños no tienen culpa.
—Nunca he dicho que la tengan.
—¿Podrán verte?
Teresa la miró sorprendida.
—Por supuesto.
—¿Podrán quedarse contigo?
—Siempre que quieran y siempre que vosotros estéis de acuerdo.
—Entonces… ¿no estás intentando castigarnos?
—Estoy intentando dejar de castigarme a mí misma.
Fuera sonó un claxon.
Javier llevó la maleta.
Antes de cruzar la puerta, Teresa se detuvo.
Miró la cocina.
Sobre la encimera estaban los 2 documentos.
El folleto de la residencia que otros habían elegido para ella.
Y la carta de una casa que ella había elegido comprar.
2 papeles.
2 maneras completamente distintas de decidir el futuro de una mujer.