Expulsaron a un niño del funeral de su abuelo, hasta que una mujer vio el reloj que llevaba

La sala quedó en silencio.

—Si veía una bicicleta rota, la arreglaba. Si alguien necesitaba ayuda, se sentaba con esa persona. Si yo tenía miedo, se quedaba conmigo.

Mateo miró el reloj.

—Yo pensaba que simplemente era su manera de ser.

Respiró profundamente.

—Ahora creo que era su manera de entender la vida.

Alguien en la primera fila se secó los ojos.

—Él decía que había que hacer lo que uno tenía delante. Y creo que nunca dejó de hacerlo.

Mateo levantó la muñeca.

—Ni siquiera al final.

Miró a Elena.

—Sabía que yo iba a necesitar a alguien. Por eso me dejó el reloj.

Su voz se quebró ligeramente.

—Durante mucho tiempo pensé que mi herencia era esta chaqueta, sus herramientas o este reloj.

Hizo una pausa.

—Ahora creo que mi verdadera herencia es recordar cómo vivía.

Mateo bajó del pequeño escenario.

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