Y todavía creía que debía pedir perdón por existir.
Me acerqué.
—Tú no tienes que disculparte por nada.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Daniel me dijo que usted era una buena persona.
Miré a mi esposo.
Estaba apoyado contra el marco de la puerta.
—También me dijo que tienen una niña.
—Sofía —respondí—. Tiene ocho años.
Valentina sonrió tristemente.
—Siempre quise tener una hermana.
No pude evitar llorar.
Porque aquella muchacha no estaba intentando quitarle nada a nadie.
Solo quería una familia.
Las siguientes semanas fueron las más difíciles de nuestras vidas.
Daniel permaneció hospitalizado mientras los especialistas trataban de controlar su enfermedad y preparar el posible trasplante.
Valentina continuó con sus estudios.
El equipo médico explicó cuidadosamente el procedimiento, sus riesgos y las alternativas.
También dejó claro que, por ser menor de edad, cualquier donación requería una evaluación especial, las autorizaciones correspondientes y la garantía de que su decisión fuera libre.