Una semana después recibí otra noticia.
La licenciada Patricia Morales, abogada que había trabajado con Mateo, pidió visitarme en el hospital.
Llegó acompañada de un contador independiente y llevaba una carpeta con documentos que mi esposo había dejado bajo su resguardo.
—Valeria, necesito contarte algo que Mateo descubrió antes de morir.
Sentí un nudo en el estómago.
Patricia me explicó que, durante los últimos meses de su vida, Mateo había comenzado a investigar movimientos extraños dentro de la fábrica.
Su padre estaba negociando en secreto la venta de los terrenos donde funcionaba la empresa.
Un grupo inmobiliario pretendía construir bodegas comerciales y un desarrollo habitacional.
El proyecto podía dejar sin empleo a cientos de trabajadores.
Mateo se había opuesto.
Por eso comenzaron las discusiones entre ellos.
—Tu esposo descubrió que su padre había comprometido activos de la empresa sin contar con la autorización necesaria —me explicó Patricia—. Y temía que intentara quedarse con las acciones familiares para completar la operación.