Colgó y rompió a llorar.
A las siete de la noche, Roberto entró en casa.
Había colocado sobre la mesa las dos actas matrimoniales, la fotografía de Adriana y los documentos que Patricia había conseguido.
Se quedó mirando todo.
—Elena, puedo explicártelo.
—Entonces empieza por decirme por qué esa mujer está en una silla de ruedas.
Roberto se sentó lentamente.
—Porque tuve un accidente.
—¿Qué clase de accidente?
Me miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Uno que pude haber evitado.
En ese momento comprendí que mi marido no solamente había escondido otra esposa.
También había ocultado durante casi tres décadas lo que él mismo le había hecho.
PARTE 3
—Tenía veinte años cuando me casé con Adriana —comenzó Roberto—. Ella era la muchacha más alegre que había conocido. No teníamos dinero, pero creíamos que con trabajar mucho sería suficiente.