La Bufanda Verde Que Me Enseñó Que Cuidar También Significa Soltar

Otros días me llamaba “señor”.

Una tarde me preguntó si yo era el fontanero.

Otra me pidió que le arreglara una persiana que no existía.

Yo aprendí a no corregirla tanto.

Aprendí que discutir con su enfermedad era como discutir con la niebla.

No ganaba nadie.

Si ella decía que tenía que preparar la comida, yo le preguntaba qué iba a cocinar.

Si decía que los niños estaban por llegar, yo le decía que estarían bien abrigados.

Y si me miraba de pronto y decía mi nombre, yo guardaba ese segundo como quien guarda una moneda de oro.

Mi padre, en cambio, estaba más presente.

Pero también más triste.

Una tarde lo encontré llorando junto a la ventana.

No hacía ruido.

Solo le bajaban las lágrimas por las mejillas, una detrás de otra.

Me senté a su lado.

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