La Bufanda Verde Que Me Enseñó Que Cuidar También Significa Soltar

No le pregunté al principio.

Los hombres de su generación no aprendieron a llorar delante de sus hijos.

Menos todavía a explicar por qué.

Al cabo de un rato me dijo:

“Tu madre me ha preguntado esta mañana si yo era su hermano.”

No supe qué contestar.

Él apretó los labios.

“Cincuenta y cuatro años casados, Javier.”

Miró hacia la puerta de la sala.

“Y hay días en que soy un extraño.”

Le puse una mano en el hombro.

Estaba huesudo.

Frágil.

Muy lejos del hombre que me enseñó a cambiar una rueda en un descampado, con las manos manchadas de grasa y paciencia de sobra.

“Papá…”

“No me da miedo morirme”, dijo.

Lo dijo tranquilo.

Sin dramatismo.

Como quien comenta que va a llover.

“Lo que me da miedo es que ella se vaya antes de irse.”

Esa frase se me quedó clavada.

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