La Bufanda Verde Que Me Enseñó Que Cuidar También Significa Soltar

Pero ya no siento que los haya perdido por completo.

No sé si algún día dejaré de sentir culpa.

Tal vez no.

Pero ahora sé una cosa.

No soy un mal hijo por no haber podido sostener a tres personas rotas con mis dos manos.

Sigo siendo su hijo.

Solo estoy aprendiendo a quererlos de una forma que no nos destruya a todos.

Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia. La primera vez que mi madre me pidió que la sacara de la residencia, sentí que todo lo que había logrado perdonarme se me venía abajo otra vez.

Fue un martes.

Como todos los martes desde aquel día, salí del trabajo antes de lo normal, pasé por una pequeña panadería del barrio y compré un bizcocho sencillo.

Nada especial.

De esos de toda la vida, con azúcar por encima y olor a casa.

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