Solo la ausencia de un hombre que había guardado durante ocho meses una pieza que podía destruir la versión aceptada de aquella caída.
Jacinta apretó el envoltorio contra el pecho.
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—Severiano sabía que Tomás había hablado contigo.
Gabriel la miró.
—Eso todavía no demuestra quién disparó ni quién se lo llevó.
—Pero demuestra que alguien nos está siguiendo los pasos.
Volvieron antes del amanecer por un camino más largo.
Jacinta no quiso entrar de inmediato a su casa.
La ventana rota parecía una boca oscura sobre la pared.
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Durante meses había defendido aquel lugar porque era lo último que sentía suyo.
Ahora comprendía que la casa podía convertirse en una jaula si seguía guardando ahí la única prueba que tenía.
—No voy a esconder el cuero aquí —dijo.
Gabriel asintió.