—Tomás Becerra desapareció.
Advertisement
Por primera vez, Severiano tardó un segundo más de lo normal en contestar.
—Tomás bebe.
—Su cuchillo seguía en la mesa.
—Entonces volverá por él.
Jacinta abrió el portón solo lo suficiente para quedar frente a su cuñado.
—¿También volverá por el bebedero que dejó corriendo?
Severiano bajó la vista hacia sus manos.
Advertisement
No hacia su cara.
Hacia sus manos.
Jacinta lo notó.
El fragmento de cuero estaba oculto debajo de su ropa, pero él parecía buscarlo de todos modos.
—Firma la cesión —dijo Severiano—. Te doy dinero suficiente para empezar en otro sitio y terminamos con esto.
—Ayer querías que me fuera sin nada.
—Ayer todavía pensaba que eras razonable.
—No. Ayer pensabas que estaba sola.
Gabriel dio un paso, pero Jacinta levantó una mano sin mirarlo.
No necesitaba que hablara por ella.