—Dijo: ‘El muerto debió quedarse con su barranca y la viuda con su firma’.
Jacinta dejó el jarro sobre la mesa.
Firma.
Otra vez la firma.
El juicio no solo trataba de sacarla de la propiedad.
Alguien necesitaba que ella cediera voluntariamente.
—¿Por qué? —preguntó—. Si Severiano está tan seguro de ganar, ¿por qué insiste tanto en que firme antes de la resolución?
Gabriel miró hacia la marca limpia bajo la caja de herramientas.
—Porque puede haber algo que él no quiere que aparezca durante el juicio.
Jacinta pensó en la caja de lata desaparecida.
Entonces recordó una discusión con Mateo de casi un año atrás.
No había sido una pelea verdadera.
Él había llegado molesto después de revisar cuentas y había dicho que alguien estaba vendiendo reses sin anotarlas correctamente.
Jacinta le preguntó si hablaba de un trabajador.
Mateo contestó una sola palabra.