—¿Por qué la hacienda dependía de llamar accidente a la muerte de Mateo?
Severiano no contestó.
Se fue.
Pero ya no podía retirar lo que había admitido.
En los días siguientes apareció la caja de lata.
No llegó acompañada de una confesión espectacular ni de un desconocido salvador.
La encontró Jacinta siguiendo una costumbre de Mateo que ella misma conocía.
Cuando necesitaba esconder papeles del polvo o de la humedad durante temporada de lluvias, los metía dentro de un hueco seco bajo las tablas de un viejo arcón donde guardaban semillas.
La marca bajo la caja de herramientas no correspondía a la caja de lata, como ella había supuesto.
Correspondía a una bandeja de reparación que Mateo había movido poco antes de morir.
Jacinta estuvo a punto de sentirse derrotada por su propia memoria equivocada.
Hasta que recordó el arcón.
Allí estaba la caja.
Seguía cerrada.
Dentro había recibos, cuentas de ganado y notas escritas por Mateo.
Ningún documento decía ‘Severiano me quiere matar’.
La verdad era menos cómoda y, por eso mismo, más creíble.
Mateo había anotado ventas de reses que no cuadraban con el dinero ingresado.
Al lado de tres operaciones había escrito el nombre de su hermano.
En otra hoja aparecía una frase breve: ‘Hablar con Severiano antes de entregar cuentas’.
La fecha era de dos días antes de su muerte.
Aquello todavía no convertía a Severiano en asesino.
Pero sí ofrecía un motivo económico para una discusión que él nunca había mencionado.
Cuando volvió a ser confrontado, Severiano cambió la historia.
Primero había dicho que no existía ningún conflicto.
Después reconoció que Mateo revisaba cuentas.
Luego aseguró que las ventas habían sido autorizadas verbalmente.
Tomás negó haber recibido una instrucción semejante.
Jacinta no necesitó gritar.
Solo dejó que cada versión quedara junto a la anterior.
La contradicción hizo el trabajo.
La investigación sobre la muerte de Mateo se reabrió para revisar las circunstancias que habían sido descartadas inicialmente.
Jacinta no celebró.
Todavía tenía que vivir en la misma tierra donde alguien había disparado contra su ventana.
Todavía faltaba determinar quién había cortado la cincha y quién había amenazado a Tomás.