Miré hacia la puerta.
Como si Rafa fuera a aparecer justo en ese momento.
No apareció.
—¿Qué hay en el sobre? —pregunté con cuidado.
Doña Carmen lo dejó sobre la cinta.
—Una foto de Carlos con Bruno, cuando Bruno aún era cachorro. Y una nota para Rafa.
—¿Quiere que se la dé si viene?
Ella asintió.
—Dígale que no estoy enfadada. Dígale que, por favor, vuelva a sacar a Bruno. No por mí. Por él.
—¿Por Bruno?
Doña Carmen negó despacio.
—Por Rafa.
No entendí esa frase hasta dos horas después.
Faltaban diez minutos para cerrar cuando la puerta automática se abrió.
Rafa entró.
Pero no era el Rafa de siempre.
No caminaba erguido.
No llevaba esa energía tranquila de quien sabe exactamente lo que tiene que hacer.
Tenía los hombros hundidos, la barba más descuidada y los ojos rojos.