Yo era la mujer que llegaba cuando todos se iban.
Limpiaba escritorios.
No vidas.
—Tú estabas en una foto —dije.
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Judith se quedó inmóvil.
Rodney cerró los ojos.
—¿Qué foto? —preguntó ella.
—En la oficina de Rodney.
Durante años.
—Ramona…
—Había un niño.
Eso hizo que Judith bajara la cabeza.
Rodney dijo:
—No hagas esto aquí.
Lo miré.
—Tú llevas veinte años haciéndolo aquí.
Él se quedó callado.
Judith respiró.
—El niño se llama Daniel.
No conocía el nombre.
—¿Quién es?
Rodney se volvió hacia ella.
—Judith.
—No.
Ella negó.
—Ya estuvo.
Mi corazón empezó a golpearme.
—¿Quién es Daniel?
Judith miró hacia Lainey.
Después hacia mí.
—Mi hijo.
Silencio.
Eso todavía no explicaba nada.
—¿Y qué tiene que ver con Rodney?
Nadie respondió.
La respuesta llegó de otro lugar.
Una voz masculina detrás de nosotros.