La parte difícil todavía no terminaba.
El ingeniero pidió permiso para limpiar únicamente la abertura que habían encontrado.
El comisariado discutió unos minutos.
Algunos querían hacerlo de inmediato.
Otros querían esperar.
Altagracia permaneció callada hasta que le preguntaron qué pensaba.
—Si lo limpiamos, tenemos que saber qué estamos protegiendo —dijo.
El ingeniero la miró.
—Exactamente.
Así que no sacaron las piedras al azar.
Marcaron primero el recorrido.
Luego limpiaron el sedimento superficial.
Cada movimiento dejaba al descubierto un poco más de la estructura antigua.
Y entonces apareció algo que cambió otra vez la lectura del problema.
Una de las piedras tenía una pequeña marca hecha a mano.
No era una inscripción completa.
Era apenas una señal de referencia.
El ingeniero la fotografió.
Altagracia se quedó mirándola.
—Refugio hacía marcas así —dijo.
Todos voltearon.
Ella explicó que su esposo acostumbraba señalar ciertas piedras cuando encontraba un punto donde el agua cambiaba de dirección.