La Piedra Que Explicaba Por Qué El Canal De Altagracia Seguía Llevando Agua-lbsuong

Solo respondió:

—Entonces escribe también cuando baje.

Wenceslao asintió.

—También.

Deodoro permaneció callado.

Después preguntó algo que nadie esperaba.

—¿Y los peces?

Altagracia miró hacia la zanja.

Las tilapias seguían moviéndose entre las piedras.

Habían costado cuatrocientas decisiones pequeñas y una apuesta enorme.

Dos guajolotas.

El viejo reloj de Refugio.

Meses de burlas.

Y el riesgo de perder lo poco que le quedaba.

Pero ahora sabía algo que no sabía cuando soltó el primer pez.

Los peces no eran la solución completa.

Eran una parte de una decisión mucho mayor: mantener vivo y observable un tramo que todos habían dejado de cuidar.

El ingeniero recomendó evaluar con cuidado la cantidad de peces y mantener vigilancia sobre el canal.

No quería que una especie introducida terminara causando otro problema.

Altagracia aceptó.

No había llegado hasta ahí para defender una idea solo porque era suya.

Si los datos demostraban que algo debía cambiar, lo cambiaría.

Esa fue quizá la diferencia más importante entre ella y quienes se habían burlado de su experimento.

Ella nunca había prometido tener la respuesta.

Había prometido esperar y mirar.

Cuando terminó la reunión, Wenceslao se acercó a ella.

—Usted tenía razón.

Altagracia negó con la cabeza.

—En una parte.

—Pero si no soltaba los peces, nadie habría revisado el canal.

Ella miró la vara que había dejado apoyada contra la pared.

—Eso no lo sabemos.

Wenceslao entendió que no iba a recibir la frase que esperaba.

No habría triunfo sencillo.

No habría discurso.

Altagracia tampoco necesitaba que todos aceptaran que ella había sido la más inteligente del pueblo.

Le bastaba con que dejaran de tomar decisiones sobre el agua sin mirar lo que había debajo.

Semanas después, el nivel de la zanja seguía dependiendo de la poca lluvia y de las condiciones del sistema.

Algunos días bajaba.

Otros se mantenía.

La sequía no desapareció porque cuatrocientas tilapias hubieran entrado en una zanja.

Pero el tramo de Altagracia dejó de ser tratado como una rareza.

Las conexiones antiguas fueron limpiadas con cuidado.

Los niveles comenzaron a registrarse.

Los turnos se discutieron con datos sobre la mesa.

Y cada vez que alguien proponía cerrar una sección porque parecía inútil, había una pregunta nueva.

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