Los objetos que él dejaba sin pensar aparecían siempre en su sitio.
Pero por primera vez no vio simplemente un apartamento limpio.
Vio horas de la vida de Olivia.
Recordó las veces que había encontrado una taza acomodada junto a la cafetera, camisas separadas para evitar una mancha, documentos apartados para que no terminaran entre papeles desechados.
Todo aquello había ocurrido mientras él pasaba frente a ella preocupado por cifras que al día siguiente ya ni recordaba.
En la cocina encontró un trapo lavanda doblado junto al fregadero.
Era del mismo tono que el uniforme que había reconocido en la plaza.
Caleb permaneció observándolo más tiempo del necesario.
Al día siguiente Olivia no llegó a las siete.
Por primera vez, eso no significó ningún problema.
Caleb le había escrito temprano para confirmar que descansara y que hablarían cuando estuviera lista.